jueves, 18 de febrero de 2010

Estoy en Bilbao. Bueno, digo Bilbao cuando me refiero al Norte de mi infancia y de mi juventud, al Norte que abarca pueblos, montes y colores que sólo se ven aquí. Y siempre que vuelvo, se entremezclan un sinfin de sensaciones y de sentimientos que agrandan un poco mi corazón y calientan un poco mi alma. Estar en Bilbao es hacer recuento y ordenarme. O algo así.



Y entre todo este vaivén de mudanzas, vuelvo a constatar que la timidez -gestada y alimentada a base de tabúes, de historia, de instintos mal entendidos- es un mal común ;-D
Chicos míos,
¿quién os ha vendido que el tímido es el que gusta?
¿quién os ha hecho creer que seguimos esperando al estupendo príncipe sobre el caballo?
Bueno, vale, aquí me toca toser un poco porque imagino que más de una contestará que ese es aún el sueño de su vida. Pero por lo que a mi respecta, un canalla tierno como que engancha más. Una mezcla (perfecta, eso sí) entre caballero y sinvergüenza, entre amoroso y pasota (que no patoso, plis); una mezcla que cautive y apasione por especial y por original, por espontáneo. Nos gustan los hombres libres, los que nos sorprenden, los que destierran lo aburrido y dan paso a la creatividad, pero a una creatividad total: en el sexo, en el amor, en el ocio, en las tareas domésticas... un hombre que nos deje notitas, que nos traiga regalitos sorpresa, un hombre que cocine con pasión, que limpie sin echarnos nada en cara... 

Un segundo. Creo que me he equivocado de cuento... ;-DDDDDD





Lo dicho, la timidez, en su justa medida.
El resto, la picardía de la sensualidad.


Besos,
muchos, variados y repartidos.



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