sábado, 10 de noviembre de 2012

**EL DON DE LA VIDA



El post de antes de ayer (¡¡gracias por leerme con tanto fervor!!) ha llenado mi buzón de emails. Algunos defendiendo la segunda juventud de las cuarentañeras, otros defendiendo el momento óptimo "de cocciòn" de los cuarentañeros y otros, simplemente animando a disfrutar de los placeres de la vida ;-). Os digo que me he reído mucho y que me habéis regalado, una vez más, la sensación de que esta ventanita abierta al mundo, es un verdadero lugar de encuentro.

Dicho lo cual, retomo aquello de que el sexo y la sexualidad -tema recurrente de las reflexiones que habéis compartido conmigo- son la sal de la vida. Pero no cuando es mecánico, no cuando nace de la monotonía y adquiere un matiz de obligación. En ese instante se convierte en un lastre que no nos hace bien. Una pareja que "sexúa" sin afecto, sin ganas, sin ilusión y sin complicidad, está abriendo una brecha infinita entre ellos; realizan uno de los encuentros más vacíos y que más tristeza puede llegar a generar. Y eso lo destruye todo.



Sin embargo, los juegos de alcoba al calor del amor correspondido, son momentos llenos de magia. El sexo, de la mano del amor, es una delicatessen, un regalo que el karma pone en nuestro camino para permitirnos crecer como personas. La luz que emanamos cuando compartimos nuestro cuerpo y se fusiona con la paz, es fulgurante. Nada es comparable a esa sensación.

Pero, ¿por qué no? también podemos compartir el instinto, la pasión y el deseo sin esperar nada más (bueno, dejadme hacer un alto aquí; en este tema, las mujeres salimos perdiendo casi siempre. Se nos engancha el corazón demasiado pronto, nos entregamos hasta el alma demasiado pronto. Y siempre esperamos que las mariposas sean producto del príncipe azul...¡¡Malditos cuentos infantiles!!). El sexo es un don que se nos ha otorgado a los animales, un don al que podemos dotarlo de los adjetivos que más nos inspire: sexo salvaje, sexo tierno, sexo alocado, sexo dulce, sexo tímido, sexo puro y duro ;-D
Pero no tiene menos valor si en su raíz no hay amor. Los instintos son algo que debemos escuchar y siempre que refrendemos nuestros actos desde la libertad y el respeto, serán actos válidos. Luego, con el tiempo, quizá maquillemos el recuerdo para que no nos duela tanto. Pero eso, en realidad, lo hacemos con todo....



Así que, como todo en la vida, el truco está en disfrutar. Disfrutar de lo que nos sale al encuentro, de cada persona, de cada beso, de cada abrazo. Disfrutar de la seducción, de los momentos de ternura y de sexo infinito. Disfrutar de lo que nos hace bien, de quien nos hace bien. Y sobre todo, tener la sensación de que estamos donde queremos estar con quien queremos estar. Sin traicionarnos. Sin engañarnos. Y sin soñar imposibles, que eso desgasta mucho. Y casi siempre duele. Pero por donde veamos una rendija, por allí debemos intentarlo. Por donde sintamos que el corazón se acelera, hacia ello debemos tender. Pelear. Porque lo que no nos mueve, no nos motiva, no nos ilusiona, no nos hace sentir vivos... ese es terreno yermo. Que no dará fruto.

Sabéis que el saloncito es vuestro espacio,
vuestro tiempo,
vuestro encuentro.
Siempre sois bienvenidos...

PD: Y los sandwiches de jamón y queso para desayunar los sábados...





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