miércoles, 29 de agosto de 2012

**DOPAMINA DIEM (Y II)



Al hilo del post sobre el optimismo, he pensado que sería interesante saber un poco más sobre la llamada "hormona de la felicidad", la dopamina, que es la culpable de todas las sensaciones agradables que nos salen al encuentro en la vida. Es un post un poco largo, pero tiene información y pautas que pueden ayudarnos a ordenar algunas de nuestras necesidades más básicas. Ánimo. 

Aportaciones de la neurofisiologia al estudio de la felicidad

Los recientes avances de la investigación nos aportan evidencias de que contamos con algunas regiones del cerebro (amígdala, lóbulo frontal) directamente implicadas en la experiencia emocional. De hecho, ya hace tiempo que se sostiene sin discusión que el cerebro (y no el corazón) es el órgano de las emociones.

Sin embargo, los estudios que pretenden determinar las zonas del cerebro que se activan al experimentar alguna emoción no han podido dar resultados concretos. Lejos de localizar áreas cerebrales específicas que se estimulen con la experiencia emocional, la aplicación de nuevas técnicas como la tomografía por la emisión de positrones (TEP) para observar los cambios bioquímicos del cerebro, han permitido visualizar que cada emoción activa una cantidad importante de estructuras cerebrales.


De ello se concluye que no hay una región cerebral concreta que se identifique con la tristeza, con la ira o con la felicidad, sino una serie de áreas cerebrales en interacción. Asimismo, si seguimos los trabajos de Damasio podemos comparar nuestro cerebro con un mostrador luminoso, de tal manera que cuando una persona se siente feliz observamos un patrón de luces específico que se extiende por diversas zonas cerebrales, algunas de las cuales también se iluminan al experimentar otras emociones diferentes.

De estos descubrimientos se desprende la importancia de la interconexión entre las neuronas y, concretamente, el papel de las sustancias químicas que la hacen posible transportando los mensajes relacionados con la experiencia emocional de unas a las otras.

En relación con la felicidad disponemos de resultados de algunos estudios bastante recientes, que ponen de manifiesto la importancia de algunos neurotransmisores y hormonas, conocidas como endorfinas:

• La serotonina es una sustancia química cerebral directamente relacionada con la sensación de bienestar. Así, a niveles altos de serotonina, le correspondería un mayor nivel de felicidad.

• La dopamina es un neurotransmisor directamente relacionado con la estabilidad emocional. La recepción dificultosa de esta sustancia origina una larga lista de enfermedades relacionadas con el desequilibrio emocional y, por tanto, con la falta de una vivencia de bienestar.

• La melatonina es una hormona antioxidante que estimula y favorece el sistema inmunológico, aumenta la energía y la capacidad de esfuerzo físico, se relaciona con el control de la temperatura corporal y de los ciclos de vigilia-sueño. Se le atribuyen propiedades relacionadas con la sensación de bienestar, el retraso del envejecimiento y estados de gran calidad en la vejez.

Por tanto podemos concluir que las endorfinas  son el vehículo de la felicidad, la euforia, el placer y el alivio del dolor. Como se ha dicho estas hormonas, actúan sobre el sistema nervioso y tienen encomendada la importante labor de conectarnos con el bienestar. Así de importante es su función. Esto quiere decir que cuando te ríes y te sientes feliz, cuando haces deporte y te quedas a gusto, e incluso cuando sientes esa placentera sensación después de comer chocolate, lo que te está pasando es que estás generando endorfinas


Que son las endorfinas...

Las endorfinas, también llamadas hormonas de la felicidad, son sustancias químicas producidas por el propio organismo estructuralmente muy similares a los opioides (opio, morfina, heroína) pero sin sus efectos negativos. Se calcula que hay alrededor de 20 tipos diferentes de endorfinas distribuidas por todo el cuerpo, parte de ellas están localizadas en la glándula pituitaria y son las encargadas de hacer posible la comunicación entre las neuronas. Estos químicos naturales producen una fuerte analgesia, estimulan los centros de placer del cerebro creando situaciones satisfactorias que contribuyen a eliminar el malestar y disminuir las sensaciones dolorosas. Cuando sentimos dolor las endorfinas actúan como analgésicos endógenos inhibiendo la transmisión del dolor al cerebro.

Las endorfinas son producidas por el organismo en respuesta a múltiples sensaciones, entre la que se encuentra el dolor y el estrés, también influye en la modulación del apetito, la liberación de hormonas sexuales y el fortalecimiento del sistema inmunitario. Cuando sentimos placer estas sustancias químicas se multiplican y envían mensajes a nuestro cerebro a los linfocitos y a otras células responsables de la defensa de virus y bacterias que invaden el organismo.

Las endorfinas tienen una vida muy corta ya que son eliminadas por determinadas enzimas que produce el organismo. Es una medida para mantener el equilibrio de nuestro cuerpo y no ocultar señales de alarma.



El amor y las endorfinas....

Esa cosa llamada amor tampoco se escapa de las endorfinas. Y es que esa gran emoción que sentimos y que nos hace volvernos locos tiene detrás una dinámica química en la que se piensa que intervienen hormonas características como las endorfinas. Los endocrinólogos explican que estas hormonas, junto con las conocidas como apomorfinas, son las que inducen a la adicción (por eso decimos que el amor es una droga).

El caso es que las endorfinas intervienen en nuestro enamoramiento desencadenando una sensación de placer que buscamos repetir. Y esto lleva también a concluir a los expertos que podemos enamorarnos en cualquier etapa de la vida, porque siempre tenemos endorfinas. Por eso y otros detalles de esta rocambolesca historia, sabemos que aunque atribuimos el amor al corazón, en realidad las emociones están en el cerebro.


Como nos recargamos de endorfinas....

Podemos recargarnos de endorfinas de maneras diversas. Por ejemplo, cuando realizamos algunas actividades que nos agradan, nuestra actitud y estado de ánimo mejoran, lo que provoca un flujo mayor de endorfinas. Por tanto, lo mejor es optar por aquellas que nos resulten más beneficiosas con efectos inmediatos. A continuación, algunas alternativas:

Reir siempre.
La risa y la carcajada son las mejores fuentes de endorfinas; así lo demuestran los estudios realizados sobre risoterapia. Se ha comprobado la influencia que tiene la risa sobre la química del cerebro y del sistema inmunitario. El solo hecho de reproducir el gesto de la sonrisa ya hace segregar endorfinas, por un mecanismo similar al que nos hace segregar saliva con sólo oler o pensar en una buena comida.

Disfrutar de la naturaleza.

El contacto con el ambiente natural nos llena de energía y buen humor. Vayamos a la playa o al campo y empapémonos todas las sensaciones que genera un paisaje, sus colores, sus olores. La atmósfera cargada de iones negativos estimula la secreción de endorfinas. (Los iones son una parte de los átomos; cuando estos ganan electrones se forman los iones negativos que, en contra de lo que su nombre da a entender, ejercen una influencia muy positiva sobre nuestro entorno y nuestra salud).

Dejar fluir la mente.

Las endorfinas se segregan en mayor cantidad y facilidad cuando nuestra mente no está ocupada de pensamientos que nos tensan. Lo más conveniente es practicar técnicas de relajación como el yoga, el tai chi, la meditación o sencillamente dar un paseo con la mente reposada.


Escuchar música.

Se ha demostrado que la música estimula el potencial del cerebro con más fuerza que la palabra hablada. La música melodiosa es capaz de provocar una importante liberación de endorfinas, a tal grado que se emplea con muchísimo éxito como terapia analgésica (contra el dolor).

Trabajar contento.

Casi un tercio de las horas del día las dedicamos al trabajo; por ello es importante que estemos cómodos con la ocupación que realizamos, los compañeros de oficina y el ambiente que nos rodea. De este modo las endorfinas se mantendrán a flote y nos permitirán rendir en nuestro labor.

Admirar la belleza de las cosas.

Mira siempre el lado bonito y positivo de todas las cosas porque ello influye en nuestro estado de ánimo y en nuestra salud. Las formas agradables activan la producción endorfínica de la hipófisis.

Descubrir el placer de la comida.

Es muy diferente disfrutar con la comida que disfrutar comiendo. Los alimentos nos estimulan antes de cosecharlos, luego en el mercado, después cuando los preparamos y finalmente al saborearlos. Esta predisposición hacia los alimentos no sólo produce placer sino que ayuda a digerirlos mejor.


Dar sentido a tu vida.

La rutina destruye lentamente nuestras reservas de endorfinas; evitemos, por lo tanto, la monotonía haciendo lo que más nos llene, siempre que sea posible. La curiosidad y el interés por infinidad de temas y actividades mantendrá nuestros niveles de endorfinas en buen estado.

Recordar situaciones placenteras.

En el pasado tuvimos momentos buenos y muy agradables, en los que nuestra producción de endorfinas estuvo desbordante. Evocarlos cuando nos sentimos algo deprimidos, tendrá un efecto químico similar. Sin embargo, no hay que olvidar que lo mejor siempre está por llegar; ensimismarnos en el pasado lo único que logrará es cerrar la puerta a lo bueno que está por venir.

Disfrutar de todos los sentidos.

Ya explicamos la necesidad de complacer al oído con música, al paladar con la comida y a la vista con la belleza; no dejemos de lado, entonces, los sentidos del olfato y del

tacto. Los olores provocan en nosotros una reacción inmediata de agrado o desagrado. Oler a césped húmedo, a mar, a incienso o a nuestro perfume preferido aumenta el nivel de endorfinas. Por su parte, el contacto físico provoca también grandes descargas de bienestar. Las terminaciones nerviosas transmiten el roce de piel contra piel hasta el cerebro, activando la secreción de endorfinas. Ello explica porqué con un abrazo o unas caricias, es posible aliviar el dolor.


Entrégate a una afición. 

Pensemos en el pasatiempo o hobby que practicamos con más alegría y recurramos siempre a él cada vez que sintamos un bajón en nuestros niveles de endorfinas. Si nos acostumbramos a asociar una actividad determinada con un beneficio para las endorfinas, el efecto será cada vez mayor y más automático.

Se amable. 

Una disposición comprensiva hacia los demás resulta crucial para mantener altos nuestros niveles de endorfinas y los de quienes nos rodean. Las palabras afectuosas, las sonrisas, el buen humor así como una actitud receptiva y comprensiva hacia los demás originan una emisión constante de estas hormonas de la felicidad.

Realiza actividades físicas

Más endorfinas con respiración y actividad física . Realizar actividades físicas ayuda considerablemente a incrementar el nivel de endorfinas de un modo natural, sobre todo cuando se acompañan de una correcta respiración.

Al respirar profunda y relajadamente se puede cambiar la química del cerebro y, en consecuencia el estado de ánimo. Para alcanzar una respiración profunda es preciso relajarse y concentrarse en la espiración. Se expulsa todo el aire de los pulmones suavemente, y luego se afloja todo lo posible las paredes abdominales para permitir el ingreso automático del aire. Esta adecuada forma de respirar, realizada en un ambiente fresco y limpio del campo, puede provocar una emisión adicional de endorfinas.

De otro lado, la práctica regular de ejercicio es la mejor garantía de una respiración eficaz y de una sobre estimulación en la producción de endorfinas. Esta dosis extra es la causa de la energía que se experimenta al realizar ejercicio sin llegar al agotamiento, sensación similar a la que puede producir una droga excitante. Por tanto, resulta conveniente aumentar el ritmo y la frecuencia de actividad física. 


Para tales fines se aconseja:

Elegir un deporte que pueda practicarse mínimo tres veces a la semana. Es más recomendable realizar poco ejercicio regularmente que hacer un gran esfuerzo sólo de vez en cuando. Convienen aquellos que favorecen el trabajo aeróbico y liberan la mente de preocupaciones como caminar largas distancias, pasear en bicicleta o nadar. Empezar toda rutina de ejercicios de manera suave, aumentando el ritmo lentamente y con seguridad.

Entrenar en pareja o con un grupo de amigos, ayuda a hacer frente a la desmotivación de hacer ejercicio a solas. Además, se ha observado que el contacto físico también aumenta las endorfinas por sí mismo. Pero tampoco hay que pasarse, porque los deportistas compulsivos se vuelven adictos a sus propias endorfinas y no pueden parar.

Come chocolate

El chocolate negro tiene un compuesto químico que nuestro cuerpo transforma en la misma sustancia del enamoramiento, aunque en dosis muy pequeñas. Lo que de verdad produce es serotonina.

Toma café

Porque a las pocas horas de tomar esta sustancia el nivel de endorfinas sube. Tampoco hay que abusar, que también pueden aparecer efectos nocivos.

Practica sexo

Mediante el sexo también, se consigue eliminar el estrés y la depresión. Cuando la excitación va creciendo entra en juego la endorfina, que crea una sensación de placer y un estado de euforia hasta alcanzar el nivel máximo en el orgasmo. En la mujer durante clímax también se libera la oxitocina, hormona responsable de que aumente la intensidad del orgasmo. En este momento de máximo auge, las células nerviosas del cerebro descargan su contenido eléctrico provocando el relajamiento físico y mental.


En otras palabras, es preciso aprender a ser feliz. Y para lograrlo tenemos muchas opciones al alcance de nuestras manos. Solo tenemos que dibujar objetivos y ponernos en marcha. Y nunca olvidar que nos debemos tiempo personal, que nos debemos sueños personales, más allá de los sueños que queremos ofrecer a nuestra pareja, a nuestros hijos, a nuestros padres... No podemos ser en nadie más que en nosotros mismos; no podemos hacer depender nuestra felicidad de la idea posesiva de los afectos. A la larga, solo conseguiremos hacernos daño, a nosotros mismos y a la persona que hemos convertido en objeto, por más legítimo que nos parezca todo....

 
Os espero en el saloncito, mis chic@s.
Para una sesión de mimos, de ternura, de paz.
Para fortalecer el alma y alimentar el espíritu.
Para disfrutar, para renacer, para generar.
Para ordenar.
Para sentir.
Para soñar...



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