sábado, 22 de mayo de 2010

** EQUILIBRIO Y RESPETO, o cómo vivir en libertad

Las caricias no sólo son un lenguaje universal sino que son consideradas como una necesidad vital; los niños, como paradigma de la indefensión más tierna, reclaman constantemente ese apego, esa ternura, ese cuidado que nos brinda el cuerpo de otra persona. Necesitamos que nos arropen, que nos cuiden, que nos protejan. Somos seres de sentidos; percibimos el mundo a través de las fuentes de información que tenemos a nuestra disposición y después organizamos nuestro cerebro y nuestro corazón a partir de los sentimientos que afloran en nuestra alma. Necesitamos que nos toquen, por más que a veces nos cueste entenderlo.




Un abrazo consuela, una caricia calma, un apretón de manos nos otorga confianza; hay roces que son infinitamente más sensuales que cualquier demostración sexual sin motivación y hay besos que no querríamos que acabasen nunca. Nos hace falta sentir el contacto, el calor, la piel. Nos hacen falta las personas, el cariño, la picardía, la paz. Nos hacemos falta.

Pensad en la cantidad de cosas que tocamos a lo largo del día: la maquinilla de afeitar, el gel, la taza del café, las sábanas, el mechero, la ropa, el periódico, el teclado del ordenador,¡el teléfono!. Prácticamente todo pasa por el filtro del tacto. Pues así deberíamos hacer también con las personas con las que nos relacionamos; acercarnos, tocarnos, regalarnos. Deberíamos dejar un poco más de lado todos los convencionalismos que aún nos pesan y dar un paso más, el de aprender a gozar sin tabúes, sin límites. Tenemos demasiada carga histórica, demasiadas etiquetas de lo que moralmente está bien y está mal; y seguimos midiendo con ese rasero, criticando todo lo que se sale de los límites. A veces incluso sin darnos cuenta.




Creo que el éxito de vivir en libertad es el respeto (a nosotros mismos y por supuesto a los demás) y encontrar el equilibrio en las decisiones que tomamos. Vivir acorde a nuestros valores, a nuestras ideas; escuchar a nuestro corazón y sentir la paz de estar haciendo las cosas por gusto y no porque es lo que toca.



Dejáos acariciar,
dejáos mimar,
dejáos hacer.
Con todo cariño
y con todo respeto.




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