viernes, 23 de octubre de 2009

** RESILIENCIA (fortaleza...)

Hoy quiero compartir con vosotros la definición de una palabra poco utilizada en el vocabulario diario pero que es parte de nuestras vidas muchas veces sin saberlo. Es curioso cómo, a menudo, carecemos de palabras con las que explicar lo que nos pasa, lo que sentimos y lo que necesitamos. Nuestra comunicación verbal se queda escasa de matices y de intensidad y acabamos dando por concluidas muchas reflexiones que podrían resultarnos de utilidad para ordenar nuestro mundo afectivo. La inteligencia emocional -esa mezcla maravillosa de habilidades sociales, educación, empatía, autoestima, equilibrio...- pasa por aprender a comunicar lo que esperamos y necesitamos de los demás, así como comunicar lo que queremos ofrecer a los demás.

Damos poca importancia a la comunicación, a esa comunicación de dentro, la que nace de los sentimientos y de las necesidades afectivas, la comunicación para llorar en compañía o para sentir el dolor ajeno, la comunicación en positivo. Y hoy y gracias a estos dias al abrigo del duelo compartido, he vivido más que nunca que no hay don más preciado que la amistad.

Comunicad, comuniquemos; también cuando os tumbáis en mi camilla, siempre os lo digo. Decidme, contadme, pedidme, explicadme. Soy toda oídos. Oídos resilentes :-)

La resiliencia: La escuela de la adversidad

(extraído de la revista CONSUMER)

Hay personas que, a pesar de nacer y vivir en situaciones adversas, se desarrollan psicológicamente sanas, e incluso salen reforzadas. Es lo que se conoce como resiliencia


La psicología y la ingeniería de materiales, aunque pueda parecer extraño, tienen algo en común: el término resiliencia. Esta palabra hace referencia al fenómeno por el que los cuerpos retornan a su forma inicial después de haber sido sometidos a una presión que los deforma. El concepto se ha aplicado a la psicología para descubrir por qué niños y niñas que viven en la miseria, o personas que experimentan situaciones límites son capaces, no sólo de superar las dificultades, sino incluso de salir fortalecidas de ellas. Logran resistir, sobrevivir y acceder a una vida productiva para sí y para su sociedad.

La resiliencia es una capacidad que se manifiesta:

  • Frente a la destrucción, mostrando una gran facultad de proteger la propia integridad bajo presión.
  • Frente a la adversidad, estableciendo una actitud vital positiva pese a circunstancias difíciles.

Rasgos que potencian la resiliencia de las personas

La vida diaria está sujeta a acontecimientos duros: la muerte de un ser querido, una enfermedad complicada, experiencias laborales difíciles, problemas serios de relación de pareja, la soledad, el aislamiento social, la competitividad por ocupar un puesto, el desempleo, los problemas económicos... Ante estas situaciones las personas reaccionan de distinta manera según su grado de vulnerabilidad, o dicho de una manera más actual: según su grado de resiliencia.

Hay rasgos que potencian esa habilidad.

  • La introspección: Faculta a la persona a entrar dentro de sí misma, a observarse, reflexionar y hacerse preguntas. Ayuda a preguntarse a sí mismo y darse una respuesta honesta.
  • La independencia: Ayuda a establecer límites entre uno mismo y los ambientes adversos. Potencia el establecimiento de una distancia emocional y física ante determinadas situaciones, sin llegar a aislarse.
  • La iniciativa: Capacita para afrontar los problemas y ejercer control sobre ellos.
  • El humor: Conduce a encontrar el lado cómico en las situaciones adversas.
  • La creatividad: Lleva a crear orden y belleza a partir del caos y el desorden. En la infancia se expresa en la creación y los juegos que son las vías para disfrazar la soledad, el miedo, la rabia y la desesperanza.
  • La moralidad: Invita a desear una vida personal satisfactoria, amplia y con riqueza interior. Incluye la conciencia moral, el compromiso con valores y la separación entre lo bueno y lo malo.
  • La habilidad para establecer lazos íntimos y satisfactorios con otras personas. Capacita a brindarse a otros y aceptarlos en la propia vida.

Factores que favorecen la resiliencia

  • Apego parental. Los estudios realizados destacan que una relación cálida, nutritiva y de apoyo, aunque no tiene por qué ser omnipresente, con al menos uno de los padres, protege o mitiga los efectos nocivos de vivir en un medio adverso. Es decir, se precisa una relación emocional estable con al menos uno de los padres, o bien alguna otra persona significativa.
  • Desarrollo de intereses y vínculos afectivos externos. Las personas significativas fuera de la familia favorecen la manifestación de comportamientos resilientes cuando, por ejemplo, en la propia familia se viven circunstancias adversas. Se trata de que haya algún tipo de apoyo social desde fuera del grupo familiar.
  • Clima educacional sincero y capaz de establecer límites claros en la conducta.
  • Modelos sociales que motiven poder enfrentarse de manera constructiva a las adversidades.
  • Vivir experiencias de autoeficacia, autoconfianza y contar con una autoimagen positiva.
  • Tener posibilidad de responder de manera activa a situaciones o factores estresantes.
  • Asignar significados subjetivos y positivos al estrés, describiendo a las crisis como la oportunidad de ofrecer respuesta a las circunstancias adversas.

A cualquier edad se puede cambiar

Las habilidades y los factores que potencia la resiliencia se muestran de una manera desigual en los distintos tipos de personalidades, pero se puede trabajar para lograr potenciar los rasgos que conducen a gozar de esta capacidad de superarse. La mayor dificultad a la que nos enfrentamos cuando se busca esa mejora es la convicción de que no se puede cambiar. Nos escudamos en afirmaciones como "es que yo soy así", "cada cual es como es", "a mis años yo ya no puedo cambiar". Éste es el gran error. Más o menos, a cualquier edad se puede cambiar si uno se lo propone.

Nunca es tarde para hacer el correspondiente cambio de las propias actitudes, entrenándose en técnicas de modificación del pensamiento, aprender a interpretar los acontecimientos de otra manera, recuperando la capacidad de reflexionar sobre sí mismo, trabajándose la valoración de la propia personalidad, adquiriendo habilidades sociales como la asertividad, aprendiendo a hablar positivamente... Para todo ello se puede contar con profesionales de la psicología a los que se debe acudir no sólo cuando se padecen crisis emocionales o psicopatologías, sino cuando alguien quiere entrenarse para vivir adecuadamente cada acontecimiento vital.

La resiliencia, la capacidad para resistir y no venirse abajo, para salir airosamente de los baches, si es posible con más brío aún, también se aprende.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Desconocía el significado totalmente.
¡Estupenda entrada! y muy a tener en cuenta para tiempos difíciles. Nadie está a salvo de un palo de los gordos en la vida y contar con una buena capacidad de resiliencia es fundamental.
Tendemos a pensar que todas los rasgos que la potencian o se tienen, o no se tienen, pero no somos conscientes de que se pueden aprender, como dices.
¿No seríamos todos más felices y haríamos más felices a los demás si todas estas cosas formaran parte de nuestro aprendizaje en la vida, en lugar de aprender muchas cosas que no sirven para nada?
¡Besos Larri!