jueves, 1 de abril de 2010

** TITULITIS DE GARROFÓN ;-D



No sé muy bien dónde está el matiz para que una sociedad dé un pasito más y avance en la idea de defender el saber y de luchar por culturizar cada uno de los estamentos sociales que son susceptibles de crecer sustancialmente en conocimiento y en formación. Una de mis amigas sabias (por cierto, este finde tengo visitas de tres de las brujas más brujas de todo Euskadi, haciendo sombra a la mismísima Mari de Anboto), dice que los cuarenta años de dictadura han hecho mucho daño. Supongo que es una realidad innegable, pero también creo que hay que ir un poco más allá; entender por qué tenemos un concepto tan equivocado del trabajo, de la productividad, de la eficacia, de la responsabilidad... de la libertad, en definitiva. Ahora que el fantasma de la crisis planea sobre todos -sin olvidar que, entre lo que ha habido de verdad, también se ha jugado a manipular a la población y a desviar algunas miradas sobre intereses poco claros-, de repente nos entra la urgencia de salir a flote, pero, obviamente, no hay salvavidas que pueda con todo el déficit acumulado. Durante estos últimos años, se han multiplicado descontroladamente las matrículas de los ciclos formativos y de los cursos del Servicio Público de Empleo, las notas de corte de las carreras universitarias son tremendas, los curriculums están más maquillados que nunca sobre todo en lo tocante a vocación... y todo para evidenciar, una vez más, el deficiente aprendizaje que realizamos, aquejados, como estámos, de una titulitis galopante. Antes y ahora.




En Europa, al presentar un CV, no sólo se preocupan de que los estudios sean reglados y uno haya tenido que gestionarlos también económicamente -incongruencias donde las haya, claro-, sino que además se valora el regusto vocacional de ese listado interminable de bonanzas, andanzas y esperanzas ocultas. Quizá no se haya tenido la oportunidad de acceder a determinada preparación -recordemos que no hay gratuidad absoluta en ninguna modalidad educativa-, pero el instinto, la aptitud, el interés y por lo tanto las ganas y la ilusión, son capaces de suplir al más bonito de los diplomas, esos que adornan paredes y llenan bolsillos. En mis tiempos de empresaria, cuando llegaban a mis manos CV de lo más variopintos, me alejaba por completo de quien pretendía venderme su conocimiento a base de poca humildad y de arrogancia y prefería conocer a aquellos candidatos que me transmitían amor por su trabajo. Acerté casi siempre ;-) Aunque ahora, con otra perspectiva y desde luego con más experiencia, pediría un poco más de creatividad, de riesgo, de locura; curriculums menos cuadriculados y políticamente correctos frente a formatos innovadores, originales y generosos en imaginación. Pero soy consciente de no se puede pretender lo que no se potencia...










Me consta que quienes os dejáis caer por el saloncito virtual tenéis, cuando menos, la inercia y la curiosidad por saber un poco más, sea de lo que sea. Afortunados vosotros, porque eso quiere decir que alguien a lo largo de vuestra vida se ha preocupado por sembrar esa semilla, que a la larga es la que da buenos frutos o los frutos que ayudan a hacer de nuestra vida un sitio mejor. Seguro que alguien, en un momento determinado, os ha regalado un libro.Y eso es un regalazo -¡¡regalazo!!-, porque un libro llega cargado de intenciones, de valoraciones, de una ternura fantástica. Quien nos regala un libro, nos valora y nos aprecia, nos considera digno de disfrutarlo, digno de ser parte de su vida, digno de mostrar admiración por tener gusto por leer. Y dice mucho de quien lo regala, como que es una persona que merece la pena, que es observadora y cuidadosa, que rezuma inteligencia... No es el último libro que me han regalado, pero sí uno de los que recuerdo con más cariño sobre todo por su dedicatoria deliciosa. Era sobre Teresa de Calcuta y me lo regaló un profesor de la universidad; un profesor con un bigote a lo Grucho Marx, que fumaba en pipa, que me demostró lo que era amar el trabajo y tener vocación, pero vocación de la de verdad. Un profesor que me enseñó a ver un poco más allá, a ser crítica sobre todo conmigo misma y con el resultado de mi trabajo. Aquel profesor nos juntaba para hablar de Martín Vigil, de las canciones de Silvio, de la ceguera del alma; nos dejaba ponernos la nota de los trabajos, justificando la decisión. Y era capaz de desmontar el mejor de los argumentos. Otro de esos recuerdos que cuando vuelven al presente, me hacen bien...


                                                           José Ramón Orcasitas


Y ocurre que, en tiempos revueltos, una sociedad ignorante se tambalea, pierde el Norte y saca lo peor que tiene y sabe hacer. Esas picardías, trapicheos y mafiosidades varias, en todas las direcciones posibles. Y por debajo, siempre lo mismo: la osadía de la incultura. No hay que avergonzarse por saber, por querer saber más, por invertir tiempo en acumular conocimientos; es un gusto tener cerca a quien puede mantaner nuestra atención por su discurso sobre la política o la economía. Es maravilloso tener debates -en positivo, creativos y generosos- sobre el futuro, los sueños, la filosofía o la ciencia. Incluso sobre deportes, ¿por qué no? No hay tema alguno sobre el que no se pueda opinar con elegancia y conocimiento. Elegancia y conocimiento, no fuerza bruta y barriobajerismo animal.




A mí me encanta estudiar, aprender, formarme, en todo lo que me parece que es interesante y que puede ampliar mi mundo; a veces acierto, otras veces me desvío tanto que pierdo el objetivo (esas puertas abiertas, no veáis qué corriente... ;-D) pero siempre procuro exprimir al máximo la oportunidad que se me brinda, teniendo en cuenta, además, el privilegio que supone ser parte de este primer mundo -a pesar de haber cuartos mundos emergiendo- ya que hay muchísima gente que no puede acceder a la enseñanza más básica. O que, pudiendo, no tiene ningún interés. Como cuando recibo emails que utilizan expresiones tales como "wapa", "ola", "qtal"; redacciones que no cuidan ni el fondo ni uno sólo de los signos de puntuación... :-(  Me duele esa literatura.




 
No he podido resistir la tentación de volver a colgar el vídeo de la famosa cartera de HEDUCACIÓN.  Creo que dibuja de un modo gráfico y contundente, la desfachatez con la que se trata la pedagogía en España y por ende, la ausencia de valores que se vive desde la política actual. Del color que sea, que no deja de ser política. Me he topado de casualidad con la conocida frase de Sir George Bernard Shaw, esa que dice que “Los políticos y los pañales se han de cambiar a menudo y por los mismos motivos". Pues eso...




 




Estoy reivindicativa hoy, jajajaja.
Y es que lo cortés no quita lo valiente...
Besos festivos.




PD: Aprovechad los días de asueto para leer un (buen) libro.
Están recién salidos del horno...

El asedio (Arturo Pérez Reverte)
Los ojos amarillos de los cocodrilos (Catherine Pancol)
Mantis (Mercedes Castro)
Venganza en Sevilla (de mi adorada Matilde Asensi)
Perdona, pero quiero casarme contigo (Federico Moccia)
La isla bajo el mar (Isabel Allende)
Superar la adversidad:el poder de la reisilencia (Luís Rojas Marcos)
Dime quien soy (otra de mis favoritas, Julia navarro)

Y biografías, historia, política...
 
(...)



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