miércoles, 9 de diciembre de 2009

** NAVIDAD, claro ;-)

Lo sé, lo sé, no tengo perdón; he descuidado este rinconcito más de lo que me habría gustado y es que las horas de mis días no dejan de ser 24, aunque a veces parezcan 30. Estoy de curso, de estudios, de plannings navideños, de idas y venidas... pero siempre con vosotros, cerca.



Ya huele a Navidad.
Lo vemos, lo sentimos y casi lo palpamos.
Los anuncios de la tele, los villancicos insistentes, los turrones y demás parafernalia navideña nos sumergen -incluso hasta nos empotran- en los ritos asociados a estas fechas tan especiales. Y especiales en positivo o en negativo, porque cada vez hay más gente a la que no le gusta este tiempo de adviento. Por quien ya no está, por tener que estar con quien no se quiere, por gastar sin medida, por horas interminables de elección de regalos... sea por la razón que sea, la Navidad ha ido ganado detractores. Por descontado, son unas fiestas que se han paganizado y que han pasado a ser una excusa para que los niños tengas vacaciones y para que quien puede permitírselo, se vaya a esquiar ;-D.


A mí, personalmente, me enternecen las navidades. Me resulta un tiempo de recogimiento y de cierta paz, un tiempo para hacer de balance del año y colgar, de nuevo, una nueva lista de viejos propósitos ;-). En Navidad me dejo seducir por la armonía de las buena intenciones, tan abandonadas el resto del año. Y me paro, y pienso, y gozo, y sueño... No pretendo recuperar a mi niña interior -nunca he pretendido que Campanilla me posea (digo Campanilla, porque la pobre estaba un poco olvidada en un rinconcito del cuento y las causas perdidas me pierden ;-D)-, pero no estaría mal poder recuperar un poco de la magia y de la inocencia con la que los niños son capaces vivir estos dias. También es verdad que, en el fondo, la única motivación es igualmente económica -pagada en especies, eso sí- pero bueno, demos un voto de confianza al encanto pascual.



(...)
Es un buen momento para que os regaléis un masaje;
arrastramos el cansancio de meses de intenso trabajo
y nos adentramos en la vorágine consumista de las navidades
A veces nos tocan compañías que voluntariamente no elegiríamos
y otras veces nos tocan obligaciones
que no podemos recusar...

...así que pasad por mi saloncito
a recuperar la calma y la armonía que se merecen las Navidades.
Dejad el lastre, el peso y las cargas en la puerta
y retomad vuestro propio pulso,
el pulso que enseña
que una lista de intenciones, proyectos y buena voluntad,
puede ayudarnos, al menos,
a ser mejores personas.


Las puertas del saloncito están siempre abiertas...
¡Os espero!



besitos con olor a castañas,
incienso y mirra... ;-)

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